Conocí a otras dos nuevas amigas. Resultó peor. Una estaba loca de remate y la otra me utilizaba mucho. Afortunadamente, hace dos años que no nos hablamos. Yo sí creo en el perdón. Las perdoné varias veces, pero siempre hay un límite y fue entonces cuando me pregunté ¿Realmente vale la pena? ¿Las perdono para que me sigan maltratando? Por supuesto que no. En lo absoluto. Entonces fue allí cuando crecí como persona, me las vi negras porque estuve sola por un buen rato. Pero ya saben "Mejor sola que mal acompañada"
Después tuve mucho más amigas, verdaderas amigas que me han sabido tolerar y apoyar cuando más lo necesité. Ahora que me voy, me duele mucho. Se que nos seguiremos viendo, pero se entiende que las cosas no serán igual. Yo cambiaré y ellas de seguro que sí.
Mi amistad más duradera es de trece años. Tenía cuatro años cuando la conocí. Fue mi mejor amiga.
Yo sentía que el mundo se me acababa cuando me cambié de cuidad. Prometí jamás perderla.
¿Cumplí mi promesa?
Sí, seguimos en contacto. Pero la amistad se enfría, se muere. Hay que estar cuidándola momento a momento. En un instante se pierde.
Mi consejo: Cuida mucho cada amistad nutriéndola con detalles y atenciones. Recuerda estar allí cuando se te necesita, comparte experincias con tus amigos en cada momento. Una verdadera amistad es desinteresada y leal. No dejes perder esa amistad. Nunca.
